Por la tarde exploramos un claro donde la luz jugaba con las hojas. Ella recogió una flor pequeña y la guardó como quien recoge un tesoro. Me mostró cómo escuchar el lenguaje del lugar: el crujir de una rama anunciando ardillas, el vuelo silencioso de una libélula. Aprendí que con ella todo era una lección de observación y asombro.
La naturaleza tiene un efecto sanador. Para muchas madres, que suelen cargar con el peso de la logística familiar, estar en un entorno donde "no hay nada que hacer" más que existir, es un regalo inestimable. El sonido del río, el fresco del bosque y el canto de las aves reducen el estrés y mejoran el estado de ánimo de manera casi inmediata. camp with mom en espanol better